sábado, 25 de mayo de 2013

LOMCE, UNA LEY-TRAMPA


Hasta ahora había renunciado a hablar de la controvertida ley LOMCE, cuya aprobación ha sido debatida recientemente en el Congreso de los Diputados. Como docente, consideraba que no iba a disfrutar de la suficiente distancia crítica para analizar una ley de educación. Pero me equivocaba, me equivoca porque la LOMCE no es una ley de educación, ni siquiera es una ley de evaluación, en todo caso, de calificación, y esto con reservas. La LOMCE es, fundamentalmente, una burda tramoya propagandística que busca ocultar los males endémicos de la educación española con supuestas evaluaciones externas al tiempo que se recorta una vez más el presupuesto en educación pública, ya muy mermado por anteriores reducciones.
Suelo hablar de simulacros al referirme a esos dispositivos, que la sociedad de masas  ha desarrollado, y que ocultan los hechos verdaderos tras acontecimientos falsos. Pero la ley LOMCE no es un simulacro, ni siquiera se le parece, porque el simulacro contiene la energía de lo verdadero, y esta ley carece incluso de la más leve apariencia de verdad. Tampoco lo ha pretendido. Por eso sorprende tanto que los pocos sectores que todavía la defienden, las organizaciones de padres católicos, se hayan dejado engañar de forma tan burda. Con el triste argumento de convertir la religión en una asignatura de peso, cuya nota cuenta incluso para la concesión de becas, el ministro Wert ha conseguido que los padres católicos vendan su derecho a una enseñanza pública de calidad por un plato de lentejas. Entretanto, la principal empresa española en gestión de servicios educativos, la Iglesia católica, ha demostrado que le importa poco la formación integral de los alumnos, ha demostrado una profunda irresponsabilidad con respecto a ellos, al favorecer, a cambio de mayor influencia en la enseñanza pública, que esta ley imposible siga su camino. El resto de la sociedad española, e incluyo instituciones como el Consejo de Estado, que criticó y desmontó punto por punto la ley, no son sino rehenes del mayor atentado contra una educación de calidad en décadas.
Como desvela justamente José Luis Villacañas en http://http://www.levante-emv.com/opinion/2013/05/14/seria-mayor-defecto-lomce/997682.html, la primera frase de la ley ya es reveladora: "la educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país". Con esta frase desaparece toda idea de enseñanza universal e integral, todo rastro del proyecto educativo de la Ilustración, que desde el siglo XVIII ha alimentado las democracias occidentales, y que todavía seguía vivo en la LODE de 2006. Como dice Villacañas, la educación no es el motor de nada, sino "el proceso cooperativo por el que los seres humanos pueden disponer de las bases adecuadas para llegar a vivir como tales a lo largo de su vida. La educación promueve la condición humana", algo tan claro, tan evidente, y que tanto bien ha hecho a las sociedades europeas en estos dos últimos siglos, es desconocido para los gestores de esta ley.

Si hacemos una lectura atenta de la ley, descubrimos enseguida cuales serán los efectos negativos de la misma, tal es su simplicidad. Por una lado, la segregación, puesto que los alumnos serán divididos ya en 2º ESO en dos grupos: los ocupantes de puestos de trabajo en el taller, por un lado, y los destinados a los puestos de la tecnocracia, por otro; en tanto la ley no entiende otro lenguaje que el de crear piezas para el engranaje del mercado laboral, sobran todo tipo de refuerzos, apoyos, medidas de atención a la diversidad, que han conseguido llevar al éxito a tantos alumnos destinados al salir del sistema sin titular. Se trata de maquillar cifras, podremos tener más titulados, pero todos serán de bajo perfil de cualificación. Y todo ello, irónicamente, con el argumento de paliar el fracaso escolar. Materias que hasta ahora ocupaban un nicho discreto pero importante en la formación de nuestros jóvenes, como son la tecnología, la música y la plástica, quedan ahora relegadas a meras optativas, de forma que un alumno podrá pasar por la ESO sin asistir a una sola clase que le prepare para un mundo basado en los contenidos audiovisuales de los mass media y en la tecnología. A estas las llama Wert "materias que distraen". La religión ocupa mayor carga horaria, y no es específica (es decir, optativa), que cualquiera de estas materias. Queda reducida igualmente la presencia de las ciencias en el currículo, en patética coherencia con el maltrato constante que el gobierno de España ejerce contra la investigación y la innovación científica en el último año. La supuesta solución de las evaluaciones externas no tiene otro fin que el cuantitativo, no preocupa otra cosa que maquillar números de cara a Europa, y las pruebas se adecuarán, fuera del entramado educativo, sin contar con los propios docentes, a este fin concreto. Una gigantesca tramoya de cartón-piedra, un telón propagandístico para ocultar las miserias del sistema. Ante los aspectos susceptibles de mejora de la LODE de 2006, que ya ha sido desmantelada con los recortes de los dos últimos años, se opta, no por resanar la estructura, sino por cerrar los ojos y mirar hacía otra parte. Podríamos seguir durante muchas páginas, podríamos hablar del desprecio a las ratios, del desprecio a los recursos necesarios, de tantos desprecios... Lo curioso es que la oposición política no haya acertado a criticar mucho más que la preeminencia de la religión o la devaluación de la inmersión lingüística que, siendo graves, no son los aspectos más terroríficos de esta ley imperdonable.

martes, 7 de mayo de 2013

FIGURAS DEL NUEVO SIGLO: EL EMIGRANTE




Se ha dicho que nos corresponde una época en la que los héroes han dejado de tener su lugar, han desaparecido. Todo hombre aparentemente perfecto es tarde o temprano señalado por los amos de la prensa y condenado al ostracismo; los últimos casos referidos a los deportistas, ejemplo de héroes con pies de barro, son bien conocidos. En el otro extremo, cualquier personaje anónimo, sin ninguna cualidad especial,  es elevado a los altares por los engranajes mediáticos, como parodia exquisitamente Woody Allen en Desde Roma con amor. En una época sin héroes nos queda el concepto de figura. El gran creador de figuras del siglo XX es Ernst Jünger, y son suyas las tres grandes figuras que caracterizaron este siglo: el Trabajador, el Soldado Desconocido y El Emboscado. Son conceptos que engloban a muchos hombres individuales, con cualidades especiales, con una fuerza peculiar, bajo un mismo epígrafe, pero que no dejan de ser seres sin nombre, abandonados a sí mismos. Nos toca pensar cuales son las grandes figuras del nuevo siglo, y empezaremos por una de ellas: el Emigrante.
    Por algún extraño azar del destino, el pasado 1 de mayo, la 2 de TVE emitía un documental ya programado en otras ocasiones sobre la primera oleada de emigrantes españoles a Alemania, que comenzara a principio de los años sesenta. En este documental se echaba mano de testimonios verídicos de emigrantes y de hijos naturalizados, en contraste con la versión oficial deformada y frívola que las películas y el No-Do transmitían de un fenómeno tan importante. En la voz de los viejos trabajadores y trabajadoras volvían a aparecer las casetas para animales adaptadas a hombres, los horarios imposibles, la segregación de sexos que impedía toda relación normal, la exclusión de grupos enteros fuera de las ciudades y de todo contacto social, las condiciones de trabajo casi esclavistas, la infinita ignorancia, la alienación, la culpa. Estos primeros pioneros, movidos por la desesperación, salían de un país que no podía asumirlos con nada más en la maleta que la impotencia de sus propios padres, que no tenían otra opción que vivir del dinero que se les enviaba de fuera. El régimen nunca disimuló que aquellos hombres y mujeres eran un problema que su marcha había resuelto, así que no se preocuparon de ellos hasta la década siguiente, cuando, ante el hecho de que los emigrados comenzaban a tomar conciencia a través de las JOC (Juventudes Obreras Cristianas) y del Partido Comunista, la ya balbuceante dictadura creó las Casas de España donde, según los propios emigrantes, eran captados aquellos que todavía no pensaban. Hacia el año setenta y cinco comenzó el regreso de muchos, en parte porque la crisis mundial del petróleo trajo consigo menor demanda de mano de obra, en parte porque en los programas de los partidos políticos alemanes nació el eslogan populista que hemos visto surgir en España en los últimos años de las bocas de los ignorantes y del precariado: los extranjeros nos roban los puestos de trabajo. En Alemania, además, parece que robaban a las mujeres y a la orgullosa identidad local, tal era el peligroso embrujo de los españoles.
    Las posteriores oleadas, más reducidas y con condiciones de trabajo infinitamente mejores, han sido sondeadas con excelencia por el programa Salvados en La inmigración española a Alemania, entre ellas podemos inscribir el fenómeno de la “fuga de cerebros”. Hasta ahora ha sido otra la emigración española que hemos conocido. Pero todo ha cambiado: las condiciones de trabajo, tras el giro neo-liberal completo de nuestro tiempo, vuelven a ser precarias y abusivas, la demanda de mano de obra no responde ya a un boom económico, sino a un recambio de obreros, donde el mercado busca a los más débiles, a los que tienen poco que perder porque ya lo han perdido todo. No es este el perfil de los emigrantes de la dictadura, que lucharon por algo desde la nada, que se quitaron el pan de la boca para alimentar a sus propios padres, que supieron agruparse y salvar la desidia moral y cultural en que habían caído. Esa es la Figura del Emigrante que aquí glosamos. Pero la nueva diáspora de la juventud española no es igual. Para nada. Han crecido en un mundo aparentemente perfecto, donde su familia les ha dado todo, donde han conocido, si bien cada vez más precarias, libertades que ninguna generación anterior soñó. Ellos buscan, no ya la mejora, sino la vida que han vivido, y van a encontrar un mundo similar al que sufrieron sus abuelos en los sesenta: precariedad, rechazo, explotación, alienación (entonces física, hoy digital). Es muy posible que se encuentren con la ignorancia y el rechazo del estado que los vio nacer, ese mismo estado que tanto está haciendo para que salgan y no vuelvan, porque, al igual que en el final de la dictadura, su presencia dentro del país es el problema. Programas como Españoles por el Mundo, proclaman una visión de la emigración tan deforme como la de las películas del destape, pero mucho más eficaz; la educación estatal, a través de la perversa ley LOMCE, no es sino una espoleta para soltar lastre; las ayudas del estado español para emigrantes, simplemente no van a existir. Estos nuevos grupos tienen el reto de ascender a la categoría de Emigrante, con la dignidad que la acompaña, o convertirse en ratas del laboratorio del capitalismo terminal. Hay algo seguro; en ese camino van a estar solos.

miércoles, 24 de abril de 2013

EL AVANCE DE LOS CÍNICOS


                Cuando en un artículo anterior, la apoteosis de egoísmo, analizábamos la asunción de una nueva clase social, el precariado, dimos algunos trazos sobre las principales características que aglutinan a  una serie muy heterogénea de individuos bajo ese neologismo. Señalábamos también que el precariado no es exactamente una clase social, a pesar de que se ha sido situado en estudios recientes como una de las nuevas siete clases sociales. Pero el precariado es algo más y algo menos que una clase social. De hecho, a mi entender, el precariado, haciendo analogía con los no-lugares, de los recientemente hablábamos, es una no-clase, un conjunto de individuos cuya principal razón de ser es no identificarse con nada que no sea su propio beneficio, una franja social que tiene a gala no confiar en ninguna de las otras clase, y mucho menos en el aglutinador de todas ellas, el Estado. El precariado es el principal bebedero donde la ultraderecha ha ganado lugar en Europa, pero también, como señala Alain Garrigou (ver entrada anterior), el avance de esta opción política radical se ha ralentizado, en gran parte por la imposibilidad de unificar tanto interés particular. Jirones de otras clases sociales empiezan a confundirse con ese precariado que al principio parecía representar a las personas sin recursos y opción vital. La tan traída y llevada desaparición de los valores se aprecia claramente en las posiciones del precariado, y esos valores son sustituidos por lemas de trazo grueso, que calan fácilmente en las mentes simples. Así, como señala Garrigou, se es “sensible a la raza, pero no a la clase”; se habla de “los abusos cometidos por los extranjeros, los holgazanes, los asistidos”; se comenta, sin rubor, que “son los sin papeles los que actualmente son los únicos que pueden gozar de un sistema financiado al 100 %”. El pensamiento se transforma en prejuicio, el sentimiento de culpa en rencor, en un proceso que ya Nietzsche analizara en La genealogía de la moral. En este contexto, la tentación del pesimismo se hace insoportable para muchos. Pero ya dice García Montero en http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2013/04/05/pesimismo_optimismo_2040_1023.html que “Estos días tristes no reclaman optimismo o pesimismo, sino valores”. A aquel que utiliza el pesimismo del otro para imponer su criterio se le llama cínico.
    El cínico es la figura negativa por excelencia de nuestro tiempo. Decía Todorov que “el miedo a los bárbaros nos convierte en bárbaros”, y es cierto, pero además estos bárbaros son pastoreados por los cínicos, ellos son los pastores del pesimismo, pero también del resentimiento, de la culpa, y de algo todavía más peligroso: el orgullo herido. El modelo de pensamiento del precariado y de restos aledaños de otras clases sociales es muy simple: No confío en el estado, no confío en los extranjeros sin papeles, en los pobres que viven de la Seguridad Social, porque sospecho que en toda esa gratitud social puede esconderse un engaño, y si soy engañado y no me doy cuenta, es que soy estúpido, porque han hecho con mi dinero lo que yo no quiero, por tanto, entre ser un estúpido y creer en la bondad del sistema social y la posibilidad de que todos estemos siendo engañados y manipulados, prefiero la segunda opción, la menos arriesgada. Nos encontramos con individuos que han perdido todo resto de valores, individuos cuya única posesión es una exigua cantidad de dinero ganada con terribles esfuerzos. El cínico se aprovecha de este modelo de pensamiento, aunque parte de él, porque en origen es un personaje frustrado. El cínico busca erigirse como líder de todos los frustrados, y su mensaje es rápidamente codificado. Éste es el triste proceso que aúpa a la extrema-derecha en media Europa. Y como dice García Montero: “Perdida la capacidad de decisión, el fatalismo justifica cualquier estrategia propia de los cínicos y los relativistas. Los aguafiestas del pensamiento aprenden pronto a reírse de todo para no sentir responsabilidad ante nada”. El cinismo avanza, y avanza el espíritu del precariado. El pensamiento y los valores retroceden. Sólo hay un antídoto ante esta amenaza: educación y cultura. ¿Están nuestros dirigentes dispuestos a atajarla? ¿O es que el cinismo dirige ya a nuestros dirigentes?

domingo, 7 de abril de 2013

APOLOGÍAS DEL EGOÍSMO




A mediados del siglo XX comenzó a extenderse una tendencia para-filosófica llamada objetivismo propagada por una escritora nacida en Rusia y naturalizada en Estados Unidos que usaba el pseudónimo de Ayn Rand. El objetivismo era una apología nada disimulada del egoísmo, que abominaba de toda forma de intervención gubernamental en la vida pública y terminaba propugnando una especie de darwinismo social basado en el capitalismo salvaje más exacerbado. Muchos personajes influyentes de la escena norteamericana se dejaron influir por esta tendencia, entre ellos Alan Greenspan y un buen número de asesores cercanos al presidente Reagan. El rastro de esa influencia se aprecia hoy en día en las ideas del Tea Party, movimiento ultraderechista que tiene sus manantiales de voto en una clase media venida a menos que busca culpables en las clases menos favorecidas y en los inmigrantes, y que acusa al gobierno de un intervencionismo sesgado hacia esas masas sociales. Según Ayn Rand, la caridad es inmoral y el egoísmo racional una razón de vida, según el Tea Party la seguridad social es un peso muerto para el estado que rescata a gandules y perezosos. La existencia del Tea Party es un buen ejemplo de cómo la decadencia de una clase social va muy ligada a la falta de argumentos intelectuales sólidos y a la disolución de sus propios valores que, o simplemente ya no sirven o han sido sustituidos por proclamas populistas de trazo grueso.
La orgullosa Europa miraba con desprecio la ascensión del movimiento Tea Party en la seguridad de que sus viejas meta-narrativas serían suficientes para aguantar el deterioro y desestructuración de una clase media ilustrada, intelectualmente sólida, que ha perdido su influencia en las altas finanzas y los medios de producción pero sigue controlando gran parte de su peso en el sistema de democracias liberales. Esa presunción ingenua ha resultado fatal para las clases medias europeas. Como ya comenté en una entrada anterior, http://jumilla-amalgama.blogspot.com.es/2012/02/la-estrategia-del-lemming.html, Europa parece caminar a una especie de suicido social en el que tiene mucho que ver una nueva clase, que ha adoptado varias de las tesis del movimiento Tea Party, bautizada por la Fundación Friedrich Ebert como el “precariado”. Es difícil precisar como clase social lo que son varios grupos heterogéneos, pero el “precariado” engloba ya tanto a desempleados de larga duración o trabajadores de alta cualificación que desempeñan trabajos muy alejados económica y socialmente de sus expectativas como a universitarios en paro. Poco a poco, el “precariado” crece, y acoge retazos de la ya casi desaparecida clase media (ver el artículo de Ramón Muñoz, “Adiós, clase media adiós” en http://elpais.com/diario/2009/05/31/negocio/1243775665_850215.html). Pero lo llamativo de esta nueva clase social no es su creciente heterogeneidad económica y social, sino su paulatina uniformidad cultural, su capacidad para absorber las frustraciones, el nihilismo, la precariedad de valores y el resentimiento de diferentes capas de un tejido social desmoronado. Según Andrés Ortega en “El regreso de la lucha de clases” http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/20/vidayartes/1329766843_742941.html, el “precariado” acumula a una cuarta parte de la población adulta, personas que “no votan ni emiten votos protesta y desconfían de las instituciones políticas”. Los miembros de esta nueva casta son descritos aquí como “nómadas urbanos”, gentes que nada tienen en común salvo cuatro rasgos: la ira, la anomia, la ansiedad y la alienación, características éstas que llevaron al poder a más de un partido fascista en los años treinta del pasado siglo. En esto se diferencia del llamado “proletariado clásico”, una clase social en trance de desaparición, no por falta de rasgos económicos, sino culturales y sociales. Los nacionalismos, los populismos y cualquier tipo de autoritarismo incipiente reclaman ya su botín. Pero lo peor no eso, sino que, como hemos insinuado, la clase media desbancada, los profesionales liberales, grupos de funcionarios, se acercan a esta especie de clase sin clase que es el “precariado”, y se observan los primeros indicios de un Tea Party europeo que hace gala de un desprecio militante de lo colectivo, de lo público, que dispara contra los políticos corruptos siguiendo la moda de los “indignados” pero olvida a los corruptores, empresarios y banqueros enriquecidos a la sombra del capitalismo salvaje desregularizado. Son responsables de un giro inconsciente de grupos de ciudadanos pobres e indefensos hacia la derecha, pero a un tipo de derecha irresponsable e inculta, falta de argumentos y vacía. Alain Garrigou, en el nº 209 de Le Monde Diplomatique en español, da algunas claves en “Lo que ellos llaman derechización”, un extenso artículo sobre el que regresaremos en la próxima entrada, baste citar el siguiente párrafo: “La danza de los prejuicios, en la que una vulgata neoliberal se fusiona con un sentido común grosero, contribuye a la derechización de las mentalidades cuando glorifica el egoísmo”. Los nietos de Ayn Rand, desarmados, desilusionados, resentidos, ignorantes, ingenuos, caminan hacia la autodestrucción de la mano de una apología ciega del egoísmo.

sábado, 16 de marzo de 2013

ESPACIO PÚBLICO Y NO-LUGARES




La reducción del espacio público, del tiempo público, en los últimos años es una realidad tan evidente que no vamos a redundar en todas sus facetas: los multitudinarios recortes ordenados por instituciones internacionales de carácter macroeconómico, la rápida devaluación de la sanidad y la educación públicas en los países del Sur de Europa, las constantes externalizaciones de servicios antes ofrecidos directamente por las instituciones de los estados… No insistiremos en hechos tan evidentes y tan comentados en los medios. Vamos, de la mano de Eugenio Trías, como ya comenzamos en una entrada anterior, a ofrecer ejemplos físicos, tangibles, de verdaderos espacios públicos, espacios comunes, fronteras o franjas entre dos mundos cerrados, que han sido paulatinamente estrechados, sofocados, estrangulados entre las trituradoras de lo privado. En la entrada anterior sugerimos que el límite en el que se inscribe el lugar de la comunidad, el espacio público, era una suerte de balcón privilegiado al cerco hermético de los anhelos, esperanzas y utopías comunes de la humanidad. El cerco del aparecer descrito por Trías era, desde un punto de vista social y económico, el mundo del consumo de masas, que tapa con su espectáculo hoy por hoy cualquier otra asunción social, incluido el mismo estado.
    Un ejemplo elocuente ilustra mi afirmación en un artículo publicado por Philippe Rekacewicz en el número 208 de Le Monde Diplomatique (edición en español). En un ejercicio de la llamada cartografía radical, se analizaba en ese texto la constante reducción del espacio público internacional en los aeropuertos del Norte de Europa a favor de las tiendas Duty Free (libres de impuestos). Por ejemplo, entre 2005 y 2007, en dos remodelaciones, el aeropuerto de Oslo, Gardermoen, vio reducida su terminal internacional de forma tan dramática que tan sólo quedó un estrecho pasillo cuya única función era el paso rápido a la Duty Free. Parecidos procesos se vieron en Estocolmo (Arlanda) o en Berlín Schönefeld) ya en 2013. Los pasajeros, que hasta entonces utilizaban el espacio internacional como zona de relax, de encuentro o cita, de reflexión, de simple ejercicio de su entidad de ciudadanos momentáneamente internacionales, se encuentran ahora prácticamente estabulados, como reses conducidas al pesebre de las Duty Free Shop, que han visto crecer su propio espacio dedicado al puro consumo de forma desmesurada. Las entradas directas a la zona de embarque a través de la terminal pública quedan ahora sutilmente vedadas por muros de carros o puertas reservadas a personal interno, de forma que es obligado el paso por el interior de la tienda libre de impuestos, donde el pasajero, ya bastante atropellado, se carga con pesos innecesarios mientras vacía sus bolsillos o su tarjeta de crédito. Como señala Rekacewicz, nos encontramos en unos aeropuertos donde “los estados se retiraron y la gestión fue (…) terceralizada y confiada a empresas”, de forma que las antiguas zonas públicas se han convirtieron en “ciudades dentro de la ciudad”, ciudades del consumo, megacentros comerciales, aparcamientos de pago, supermercados y tiendas free-tax. Es cierto que el aeropuerto ha sido durante lustros un “territorio entre dos mundos”, un verdadero límite según lo entiende Trías, pero hoy empieza a ser la prueba fehaciente de que el cerco del aparecer convertido en consumo se ha comido ya al cerco hermético, el de los sueños universales del pasajero como ciudadano del mundo, espíritu libre entre terminales. Eso se acabó, el pasajero internacional no es hoy otra cosa que un cliente potencial al que exprimir y conducir a la zona de consumo.
    Esta situación de los aeropuertos actuales recuerda bastante a los conocidos como no-lugares, espacios sin identidad, sin alma, deshumanizados, que han proliferado en la época de la postmodernidad, tanto como los solares incultos, las urbanizaciones perdidas, las estaciones de tren alejadas de las ciudades (la Fernando Zóbel de Cuenca es un gran ejemplo), los grandes vestíbulos desangelados de los museos vacíos, y tantas otras traducciones del vacío existencial tras las cenizas de la modernidad.
    Dice Marc Augé en Los no lugares. Espacios del anonimato, que “si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad  ni como relacional ni como histórico, definirá un no-lugar”. Las viejas terminales agostadas son no-lugares radicales, y los pasajeros, asustados por el hálito de vacío, nada y muerte, huyen despavoridos al interior de las Duty Free Shop, sin saber que han viajado del purgatorio al infierno.

domingo, 10 de marzo de 2013

LÍMITE Y ESPACIO PÚBLICO



In memoriam Eugenio Trías
 
Uno de los conceptos más ricos y sugerentes elaborados en el pensamiento de fines del siglo XX ha sido el de límite. Una verdadera idea seminal fruto del trabajo del recientemente desaparecido Eugenio Trías, el más grande de nuestros filósofos después de Ortega. El concepto de límite, que le valió a Trías la concesión del llamado Nobel de filosofía, el premio Friedrich Nietzsche, a toda su trayectoria creativa, ha sido aplicado a numerosos campos de conocimiento tales como la estética, la fenomenología de la religión, la hermenéutica, la filosofía pura o la música, entre otros. El concepto de límite nace en el mundo de las ciencias humanas, sin embargo, no ha sido suficientemente desarrollado en este campo, sobre todo en sociología o en historia, en parte por desconocimiento y en parte por la reducción radical de líneas de investigación y puntos de vista originales de estas disciplinas en los últimos años. Este sinsentido científico no va a ser solucionado en estas líneas, pero ensayaremos un pequeño esbozo de los que es capaz de generar una verdadera idea seminal .
     Básicamente, Trías recupera el concepto de límite no como frontera, raya que separa dos espacios, culturas o sistemas, sino como una franja con entidad propia en a que se generan sinergias, acontecimientos, fusiones, y en la que encontramos habitantes propios. Recuerda Trías el “limes “ romano, aquella frontera cambiante y movediza entre el mundo de los bárbaros y el Imperio. Vivían allí los “limitanei”, que participaban de ambos espacios al tiempo que desarrollaban un “modus vivendi” propio en un “locus” particular. Aunque no se han querido relacionar, hay otros “limes” actuales que pueden servir de ejemplo, léase la frontera entre Estados Unidos y México o la que constituye el sur de Europa, en especial el sur de España e Italia y Sicilia.
     En definitiva, Trías aprovecha este viejo concepto para fundamentar su monumental sistema trasladado a la metafísica; el organigrama contempla el llamado círculo del aparecer, donde se sitúan todas las cosas objeto de la percepción y al otro lado, el círculo hermético, donde habita el misterio, la fe para los creyentes, las utopías y esperanzas del hombre, la concepción individual del futuro… Entre ambos, esa frontera que es el “limes”, el lugar donde habita el ser humano, un animal cuya esencia es ese columpiarse entre el aparecer y el círculo hermético, dotado de la llamada “razón fronteriza”, espacio de diálogo entre la razón lógica y sus sombras, entre ciencias y arte o religión. Las traslaciones a las distintas ramas de la filosofía de ese espacio enriquecido que bebe de ambos círculos han sido múltiples, pero, repito, encuentro una carencia esencial en las ciencias humanas. Si trasladamos la idea de “limes” al concepto de espacio democrático como “locus” mental y espacio público como “locus” social, nos encontramos que el círculo hermético puede ser descrito como el lugar de la utopía, de los anhelos de tantos hombres libres que se aventuraron en él para crear la Carta de los Derechos Humanos o los sistemas democráticos más avanzados. El círculo del aparecer es hoy, en nuestra sociedad del espectáculo, eso mismo, puro aparecer, el gran sistema de simulacros sostenido sobre los pilares de la sociedad de consumo, el capitalismo radical y la conciencia metafísica de la ciencia, que opone sujeto (sujeto humano-deshumanizado) frente a objeto (la naturaleza entera como dada para su consumo).
     El espacio del “limes” donde realmente vivimos, pensamos y nos relacionamos los hombres, sólo puede ser un espacio democrático sostenido por un “locus” público, de lo contrario, la franja desaparece, el espacio de interacción se reduce a una mera imagen y el círculo hermético, el  lugar de las utopías, de los anhelos y de las esperanzas, del espíritu de progreso y de la fe, se oculta, “lethes”, siguiendo a los griegos o se sumerge, siguiendo a los geólogos, como una placa tectónica, que vuelve al interior de la tierra engullida por otra placa que se superpone (el aparecer). El limes es sagrado, no debe tocarse, como sugerí en una entrada anterior, ver http://jumilla-amalgama.blogspot.com.es/2012/02/el-valor-de-cambio-y-lo-sagrado.html, si perdemos el "limes", lo perdemos todo. Y eso es precisamente lo que estamos haciendo, destruyendo sistemáticamente el espacio democrático, el espacio público, aquél que nos permite ser seres humanos plenos, asomados a un futuro misterioso pero lleno de posibilidades.  En la próxima entrada analizaremos con más profundidad algunas facetas de este proceso de desintegración.