martes, 21 de febrero de 2012

LA ESTRATEGIA DEL LEMMING



Allá en el norte, sobre las desoladas tundras del Ártico, los pequeños lemmings, o lemminos, caminan distancias de kilómetros hasta dar con el mar, sobre el que se arrojan en número de miles. Dentro de su pequeño cerebro se enciende una luz en tiempos de carestía de alimentos o tras las explosiones de natalidad de estos pequeños seres. Su suicidio, sin embargo, garantiza la supervivencia del resto de sus congéneres. Lo cierto es que este extremo no está probado con seguridad; existen pocas imágenes del hecho, y las que hay son sospechosas, por lo que los científicos sólo admiten como certeza la gran migración previa.

Pronto se cumplirán cien años del estallido de la Primera Guerra Mundial, el primer suicidio de Europa, un contrasentido cuya causa última, según los analistas, fue la imposibilidad de encontrar hueco al enorme potencial económico de la emergente Alemania. Lo cierto es que fue una guerra provocada por los grandes industriales germanos (AEG, Krupp), que años antes ya habían licitado jugosos contratos de armamento pesado con el estado alemán, y la banca americana. Tras la Gran Depresión de 1929 se comienza a fraguar el segundo suicidio, alimentado esta vez por el resentimiento y el odio. Nuevamente se produce una aceleración armamentística que permite emplear a millones de parados alemanes. El primer discurso de Adolf Hitler como canciller en 1933 tiene tantos puntos en común con los mensajes demagógicos y populistas de varios líderes europeos de la actualidad, que uno se ve obligado a no seguir leyendo. Es curioso que en los últimos tiempos sólo las palabras de François Hollande se salgan de esta monótona letanía entonada hace ochenta años por el dictador del Tercer Reich. ¿Será posible que estemos ante un nuevo suicidio europeo? Los picos del voto de la ultraderecha se cifran en torno al veinte por ciento en Noruega o Finlandia, y más del quince en Hungría o Países Bajos. Otros países van a la zaga. El parlamento europeo registra ya un diez por ciento de presencia de la ultraderecha. Mientras tanto, la xenofobia se extiende como el fuego en la llanura, sin embargo, siguiendo a Todorov, no olvidaremos que “El miedo a los bárbaros nos convierte en bárbaros”. España, un país cuya juventud se está convirtiendo rápidamente en emigrante (algunos de mis antiguos alumnos ya lo son) también bebe las heces de este vino podrido. Un odio irracional hacia todo lo público, perfectamente orquestado por numerosos medios de comunicación privados, contamina incluso a los empleados del estado; la idea de que la situación económica de países como España es consecuencia de nuestra deuda pública es tan extravagante como pensar que los judíos eran los culpables de todos los males de la Alemania nazi. Más del sesenta por ciento de la deuda total de este país respecto al PIB pertenece a los bancos, frente a un exiguo dieciséis de la deuda estatal. Asistimos en Europa a un desmoronamiento general de los valores democráticos que afecta a todas las capas sociales mientras los cadáveres de los lemmings flotan en el frío océano de la globalización.

1 comentario:

  1. Publicado originalmente el 26 de enero de 2012 en Siete Días.

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