sábado, 18 de febrero de 2012

EL VALOR DE CAMBIO Y LO SAGRADO



Escribo esta columna un seis de diciembre, festividad que homenajea a la Constitución Española. La fiesta es el “tiempo de lo sagrado”, pero no me interesa tanto el carácter supuestamente inviolable de nuestra constitución, como la importancia de lo que pretende defender. Si hacemos un poco de etimología encontramos en Grecia los orígenes de nuestro concepto de lo sagrado. Así, el “temenos”, o templo griego, designa una demarcación, una tala en el bosque salvaje realizada en función de los designios de los augures (de aquí la palabra “inauguración”) o videntes, que encuentran el “locus” sagrado basándose en la configuración de las estrellas. Así pues, establecer el lugar sagrado implica delimitarlo, cercarlo y apartarlo del resto mediante un claro en la selva indómita. Recordamos la palabra que evoca Martin Heidegger; la “lichtung”, exactamente claro en el bosque, calvero, claridad luminosa en la oscuridad de lo inexplorado, metáfora de la ciencia, para establecer una relación con “dichtung”, que significa poesía. Lo sagrado, que el templo cerca, tiene en español todavía un eco de ese acto de demarcación, como sugiere Eugenio Trías, en lo “segregado”, es decir, lo apartado. En el espacio, pero también –la fiesta- en el tiempo. Lo sagrado se puede tocar y traspasar, se puede interactuar con ello; no así lo santo, que es inalcanzable. A pesar de ello, ambas palabras tienden a mezclar sus significados en la sociedad actual, de forma que, por ejemplo, a una reserva biológica se le suele llamar Santuario de Vida Salvaje, en tanto está apartado, cercado y más concretamente preservado de la destrucción. La religión ha sido tradicionalmente el guardián del cerco de lo sagrado y de lo santo. Pero la religión no es la dueña de lo sagrado, como vemos en el anterior ejemplo ecologista; y desde luego tampoco ha sido en muchas ocasiones un buen guardián, puesto que el choque de civilizaciones se ha producido no pocas veces en el conflicto de dos espacios sagrados contrapuestos, con la ominosa consecuencia de la destrucción de ambos. El enfrentamiento entre defensores de espacios sagrados distintos es una monstruosidad que sigue lastrando el pasado y el presente de muchas religiones.
A sabiendas de que parece impensable, propongo aquí una variación. El concepto de lo sagrado como tal ha pasado a la sociedad racional nacida de la Ilustración, puesto que ciertas conquistas de la humanidad son consideradas inviolables: declaración de los derechos humanos, igualdad entre todos los seres humanos, universalidad de la educación y la sanidad, preeminencia de la ciencia y la razón sobre la violencia irracional, inviolabilidad de la vida y la dignidad humana o últimamente la defensa del medio ambiente. Es evidente que no todas se cumplen, como no todos los templos sobreviven a la destrucción. Sin embargo, en los últimos años percibimos una creciente desacralización de estos universales a favor de la sumisión a un concepto superior: el mercado. Por eso se hace necesaria una definición de lo sagrado desde el materialismo dialéctico, definición que las circunstancias históricas no hicieron posible. Brevemente, podemos considerar lo sagrado como aquello que no puede ser canjeado como valor de cambio, es decir, que no puede ser convertido en dinero. La tendencia neoliberal a considerar el sistema de mercados como una maquinaria racional y eficiente, a considerar que el mercado es más efectivo que cualquier democracia o sistema de valores alternativo, está tan extendida que son pocos los que se atreven a criticar tal extremo, a pesar de que las pruebas en su contra son abrumadoras. Hoy por hoy vivimos en el absurdo de considerar el dinero como lo sagrado, por encima de todo lo demás, y esa convicción suicida nos arrastrará al abismo. En el sistema capitalista, todo objeto tiende a la mercancía absoluta, que termina sustituyéndolo, por lo tanto, si todo es valor de cambio, incluso lo sagrado, todo es mercancía, nada hay sagrado, todo vale. Si rompemos el cerco de lo sagrado, la oscuridad irracional se apropiará del territorio. Avisados estamos.

1 comentario:

  1. Publicado originalmente el 8 de diciembre de 2011 en Siete Días.

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